Palabras.
Repiquetean en estas hojas
dejando al desnudo
nada de razon.
Benditas sobrevivientes
en este nuevo ocaso.
Sonrie.
Cansancio.
GABRIELA
sábado, 28 de mayo de 2011
jueves, 19 de mayo de 2011
--Estaba mejorando, le dijeron.
Por supuesto no debía abandonar la medicación.
Poco a poco recuperaría las ganas, la alegría.--La vida es de los luchadores, le dijeron.
Tenían razón. Cuando llegara a su casa, prepararía una rica cena. Tal vez chop suey.
Pondría mantel, vajilla blanca y hasta flores. Por que no.
Camina y su mirada se posa en una mujer que cruza la calle. Se la veía segura y confiada. Estaría
volviendo a su casa también. Una casa llena de cosas lindas;con dos o tres niños esperando para abrazarla y un compañero amoroso, ansioso por estar con ella.
Sonríe. Los otros no tienen una vida perfecta. Pero ella elegía pensar que si. Sustento para sus alimañas.
Llega a su casa. Su casa a oscuras. Los agujeros negros del espacio ¿Serían como éste?.
Enciende la luz. La pintura descascarada de la pared; la humedad en el techo; la mancha en el sillón.
--Debía dejar de ver el vaso medio vacío, le dijeron.--Sustento de sus alimañas.
Se sienta y descansa. La cabeza entre las manos.
No hay alivio.
Cena.
Té, tostadas y una apetitosa ración de ocho horas de olvido.
lorena
Por supuesto no debía abandonar la medicación.
Poco a poco recuperaría las ganas, la alegría.--La vida es de los luchadores, le dijeron.
Tenían razón. Cuando llegara a su casa, prepararía una rica cena. Tal vez chop suey.
Pondría mantel, vajilla blanca y hasta flores. Por que no.
Camina y su mirada se posa en una mujer que cruza la calle. Se la veía segura y confiada. Estaría
volviendo a su casa también. Una casa llena de cosas lindas;con dos o tres niños esperando para abrazarla y un compañero amoroso, ansioso por estar con ella.
Sonríe. Los otros no tienen una vida perfecta. Pero ella elegía pensar que si. Sustento para sus alimañas.
Llega a su casa. Su casa a oscuras. Los agujeros negros del espacio ¿Serían como éste?.
Enciende la luz. La pintura descascarada de la pared; la humedad en el techo; la mancha en el sillón.
--Debía dejar de ver el vaso medio vacío, le dijeron.--Sustento de sus alimañas.
Se sienta y descansa. La cabeza entre las manos.
No hay alivio.
Cena.
Té, tostadas y una apetitosa ración de ocho horas de olvido.
lorena
martes, 17 de mayo de 2011
Infancia
¿Será justificación suficiente para todos sus pecados?
Es tiempo de abandonar el equipajey seguir liviano.
Ana
Hedor
Es viento entre la gente.
Mentira que respirar es un acto mecánico.
Cuando las estrellas usan bermudas
sobrevivir es más fácil.
Montado en un flaco corsario
con la luz comienza su trabajo.
La calabaza no es carroza.
Consecuencia de lo escaso.
Tan visible como el alma.
Vuelo de mosca
que no llegará a mariposa.
Ana
viernes, 13 de mayo de 2011
Estrellas.
Pide perdón y vuelve a tropezar con un transeúnte en la siguiente vereda, se desplaza a la velocidad justa en la que la caminata se hace trote. Busca.
Princesa a los ojos de los demás hace tiempo teme preguntarle a su espejito quien es la más bonita del reino.
De un tiempo a esta parte siente que perdió su aguja en el pajar.
La noche marca tarjeta en el infinito trascurrir del universo y el hielo acumulado en las juntas de los adoquines brilla bajo los faroles dibujando otro cielo.
El siente que apenas si puede arrastrar los pies. Desea llegar a su casa. Cuarteadas las manos, desnutridas de caricias, le arden.
En medio de la noche fría y luminosa ella derrama una lágrima mientras pide un deseo a aquella estrella fugaz que surca el cielo.
En medio de la noche larga y solitaria él cruza sus manos y en un suspiro deja escapar un deseo. Hay una estrella fugaz.
Como de costumbre, al terminar su jornada laboral, antes del regreso a casa, compra algunos víveres. Esta noche de viernes la crueldad del invierno la hace desistir de su costumbre y emprende el regreso por la calle de los toldos. Hace tiempo no toma este camino porque la oscuridad la asusta.
El garrotillo golpea los huesos de los osados caminantes que recorren el trayecto de regreso a sus hogares. Él, como siempre, lo hace por la calle de los toldos porque sus ojos se llevan mejor con la penumbra.
Camina apurada, abstraída. Busca un encuentro. No advierte los pesados pasos de él.
Camina lento, abstraído. Hay un brasero que lo espera en su hogar. Compró carbones para alimentarlo.
Ella lo atropella.
Él derrama toda su carga.
Ella siente vergüenza.
Él siente tedio.
Ella pide perdón.
Él acepta.
Ella ofrece ayuda.
Él la recibe.
Ella roza en un descuido sus manos.
Él olvida los carbones desparramados.
Él la ayuda a ponerse de pie.
Ella agradece.
Él le ofrece compañía.
Ella acepta.
Él quiere detener el tiempo.
Ella quiere que el universo deje de girar.
Él se despide y camina con las manos entrelazadas como quien ruega. Ella sube las escaleras y derrama tantas lágrimas como escalones la separan de su departamento.
Ella ya no le teme a la oscuridad. Él ya no camina lento.
Nadia.
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