--Estaba mejorando, le dijeron.
Por supuesto no debía abandonar la medicación.
Poco a poco recuperaría las ganas, la alegría.--La vida es de los luchadores, le dijeron.
Tenían razón. Cuando llegara a su casa, prepararía una rica cena. Tal vez chop suey.
Pondría mantel, vajilla blanca y hasta flores. Por que no.
Camina y su mirada se posa en una mujer que cruza la calle. Se la veía segura y confiada. Estaría
volviendo a su casa también. Una casa llena de cosas lindas;con dos o tres niños esperando para abrazarla y un compañero amoroso, ansioso por estar con ella.
Sonríe. Los otros no tienen una vida perfecta. Pero ella elegía pensar que si. Sustento para sus alimañas.
Llega a su casa. Su casa a oscuras. Los agujeros negros del espacio ¿Serían como éste?.
Enciende la luz. La pintura descascarada de la pared; la humedad en el techo; la mancha en el sillón.
--Debía dejar de ver el vaso medio vacío, le dijeron.--Sustento de sus alimañas.
Se sienta y descansa. La cabeza entre las manos.
No hay alivio.
Cena.
Té, tostadas y una apetitosa ración de ocho horas de olvido.
lorena
Estoy aquí, a esta hora, porque mi cabeza aún no puede tomarse sus ocho horas de olvido.
ResponderEliminarPero no pierdo mi tiempo, estoy leyendo buena literatura.
Abrazo
Alicia